"El centro del mundo"
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"El centro del mundo"

"El centro del mundo"

Publicado el 26.06.2015

 

NY, 4nd St., Septiembre

Seguramente, casi todo se habrá dicho y se habrá escrito sobre esta ciudad. Pero a la vez, todo está por decir. NY es la ciudad por excelencia, es donde todo pasa, donde hay que estar.

Adoro NY. Tuve la suerte de descubrirla hace ya mucho tiempo, y siempre he tenido la ocasión y la fortuna de volver, para ir descubriéndola, y redescubriéndola, una y otra vez, y constatar en primera persona que es un lugar infinito.

Es un mundo en sí misma. Culturas, historia, modernidad, futuro, deseo, vida. Es una metrópoli aspiracional, a la que de una forma u otro nos gustaría llegar, guiados a veces por un impulso irracional, ilógico. No es la ciudad más bonita del mundo, ni la más moderna, ni la más grande, y sobre todo, no es la más acogedora. Pero aún con todo, y aunque pueda habernos maltratado, siempre volvemos a por más. Cualquiera que la haya conocido y disfrutado, habrá sentido el hambre, la necesidad de repetir, de dejarse los pies en su asfalto. Creo que es ese poder adictivo, esa atracción, lo que la hace única.

Millones de historias anónimas se dan cita todos los días en sus calles, como si se fueran el combustible que mantiene en marcha esta gran máquina. Resulta inigualable. Toneladas de cemento, acero y cristal que cobran vida y marcan el paso del mundo.

Y en uno de mis viajes, deambulando por Times Square, una de las estaciones de metro más frecuentadas del mundo, casi de improviso aparece Roy. Un mural de más de 15 metros que desde primeros de este siglo preside la estación, y que muestra la visión que el genio tenía sobre el metro y sobre su ciudad.

Roy Lichtenstein me fascina. Es lo aparentemente infantil de sus composiciones, la engañosa simplicidad de sus líneas sacadas de un comic, lo que le hace tan atractivo. Como con algunas fotografías, vale la pena aventurarse más allá, e intentar situar al artista en su contexto, en su momento, para poder disfrutar de la simbología que emana de su obra.

Para mí fue una comunión perfecta. Artista y ciudad fusionados en lo que podría ser un centro del mundo. Qué mejor forma de dar sentido al pop-art que regalando a nuestros ojos toda su estética en un entorno como ese?.

Y de nuevo la fotografía es lo de menos. Un simple testigo de esa unión entre arte y ciudad, que consigue elevar un tono más la melodía, y hacer este destino un poco más imprescindible.

Tendremos que seguir hablando de NY.

Ignatius

 

 

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